INNOVACION ABIERTA

EL LADO HUMANO EN LA INNOVACIÓN ABIERTA

En un lugar de este país cuyo nombre es irrelevante, un grupo de siete personas están sentadas a una mesa redonda. Son profesionales con distinto grado de responsabilidad en cooperativas y empresas que de forma directa o indirecta pertenecen al sector sociosanitario, producen o prestan servicios dentro de este campo. Han sido convocados por un cluster especializado que conoce el mercado y ve grandes posibilidades de colaboración para innovar. Tras una exhaustiva investigación, ve una oportunidad de negocio en el ámbito sociosanitario que implica gestionar proyectos e iniciativas de innovación abierta. Y quiere proporcionar el espacio y la atmósfera para que surja la colaboración.

El objetivo de la reunión es visualizar posibles nuevos modelos de negocio que cubran las crecientes necesidades sociosanitarias que presenta una sociedad que envejece –con las consecuencias que eso implica- pero cuya esperanza de vida es cada vez más larga. Personas mayores dependientes o semidependientes reales que demandan vigilancia, atención, cuidados y un sinfín de prestaciones más. Un nicho que cubrir. Pero un nicho complejo que requiere colaboración y partenariado, que implica una mentalidad para la innovación abierta.

Seis hombres y una mujer debaten intensamente y exponen sus diferentes perspectivas sobre qué, cómo, cuándo y a qué precio se puede llegar a este mercado. Son expertos y exponen sus conocimientos. Para un observador ajeno, es una conversación rica que genera un gran volumen de información, muy valiosa y desde casi todas las perspectivas posibles. Uno se hace una rápida y muy acertada composición de por dónde van los tiros.

Pero los implicados (o una buena parte de ellos) están encerrados en sus propias ideas y forma de trabajar, y cuesta ver la perspectiva del otro. Para ellos, quizá el debate ha sido tenso y poco productivo; nada enriquecedor.

Para quienes los han convocado, sirve para detectar las resistencias, dónde están, quién las lidera, sus razones, y posibles vías para suavizarlas, para desmontarlas. También están satisfechos, hasta cierto punto, porque han confirmado algunas de las principales barreras a las que se enfrenta cualquier proceso de innovación abierta en las empresas. Y muchas son humanas.

Aunque la investigación y la literatura especializada han abordado hasta el último detalle de la innovación abierta, el factor humano no ha despertado tanto interés. Y la innovación abierta es una actividad humana. No es posible sin las personas o la actitud adecuada por parte de ellas.

El perfil del malabarista social

Las personas que innovan más allá de los límites de su organización no deben únicamente gestionarse a sí mismas, sino trabajar con otras entidades diferentes así como mantener el control de su propio proyecto. Por ello, necesitan una amplia gama de habilidades y competencias.

La cooperación es fundamental para la innovación abierta. Los empleados deben mostrar una mentalidad aperturista y cierta predisposión por la sociabilidad. Tendrán que saber establecer contactos fácilmente y construir una red, primero para adquirir nuevas ideas o conceptos, aprender cosas diferentes y ampliar sus horizontes. Deben ser capaces también de infundir y ganarse la confianza de sus interlocutores. Consiguientemente, tendrán que compartir información, lo que muy a menudo es un asunto delicado.

Son capaces de intercambiarse en los equipos a los que pertenecen: dentro de su propia organización y más allá de sus límites. De esta forma, evitan el síndrome “no fue inventado aquí”: una actitud negativa hacia todo aquello que procede del exterior de la empresa. Son hábiles también a hora de entender a otros y muestran, con una actitud flexible, un deseo genuino de lograr una situación en la que todos ganen.

Control y coordinación son otras competencias que exige la innovación abierta. Los profesionales orientados a la innovación han de llegar a acuerdos y ponerlos en marcha en su empresa. Muestran seguridad para comunicar y liderar. Viven con naturalidad en el caos y la incertidumbre –como en la innovación cerrada, por otra parte- y tienen en cuenta escenarios alternativos fácilmente.

La vasta cantidad de información que se genera en el curso de un proyecto de innovación abierta no les supone dificultad. El malabarista de la innovación abierta tiene habilidades de comunicación para manejarla, transmitirla con claridad, entenderla e interpretarla bien, así como una mentalidad abierta y mucha curiosidad.

Es obvio que encontrar un perfil tan versátil (el de un malabarista social) no es fácil, por lo que las empresas deberían facilitar el entrenamiento adecuado.

En primer lugar, las empresas han de asegurarse de que los empleados entienden qué es la innovación abierta y son conscientes de qué beneficios reporta.

Si no se hace referencia explícita a la cooperación más allá de los límites de la empresa, no ocurrirá espontáneamente. Al final, se trata de crear una cultura interna diferente, algo que no se logra de la noche a la mañana. La innovación abierta supone abrir las puertas de la propia casa a otras culturas, procedimientos y metodologías, y surgen toda clase de barreras culturales para oponerse, que solo logran sortearse con perseverancia y con el compromiso de quien esté al frente.

Unos investigadores belgas, pertenecientes a la Vlerick Business School, utilizan una metáfora para referirse al factor humano en la innovación abierta que casi todos los directivos entenderán muy bien:

“Como organización, tu política de recursos humanos deberá ser como la de un club de fútbol de primer nivel (de la Champions League, vaya), que presta jugadores a otros equipos, les deja ganar en experiencia un par de años para traerlos de vuelta después”.

¿Está tu empresa dispuesta a jugar en esa liga?

*Nota: Para ir abriendo boca sobre las oportunidades del sector sociosanitario, en H-Enea te proponemos un recurso interesante: el resultado de un reto que IDEO lanzó en su plataforma Open IDEO para obtener ideas acerca de cómo mantener el bienestar y el desarrollo a medida que envejecemos. ¡Buena fuente de inspiración!